El consumo de los hogares en bienes y servicios finales creció 2 por ciento durante julio en comparación con el mismo mes del año pasado y avanzó 0,9 por ciento respecto de junio.
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El consumo de los hogares creció un 2% durante julio
Indumentaria y recreación crecieron, mientras transporte y vehículos retrocedieron.
Así lo mostró el más reciente informe elaborado por la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC).
Los números del consumo
El dato de julio evidenció una recuperación moderada de la demanda, aunque con diferencias marcadas entre los principales rubros de la economía.
El mes estuvo atravesado por un efecto extraordinario asociado al Mundial, cuando la Selección Argentina llegó a la final, lo que impulsó reuniones sociales, eventos y consumos que elevaron la base de comparación frente a otros años.
Por eso, el crecimiento registrado no puede interpretarse de manera aislada como una mejora uniforme de la capacidad de compra de los hogares.
La evolución de la demanda también estuvo condicionada por los precios. Durante julio se registró una nueva variación del índice de precios al consumidor cercana al 2%, después de varios meses de desaceleración observada entre fines de 2025 y comienzos de 2026.
En términos interanuales, la variación llegó al 33,8%, el nivel más elevado desde agosto del año pasado.
El desagregado por rubros
El comportamiento sectorial confirma que la recuperación del consumo continúa siendo desigual.
Indumentaria y calzado encabezaron la mejora, con una expansión interanual del 12,9%, mientras que recreación y cultura aumentaron 8,7%. Vivienda, alquileres y servicios públicos, por su parte, registraron un crecimiento estimado del 2,1%.
El contraste se evidenció con mayor claridad en transporte y vehículos, donde el consumo cayó 11,3% frente a julio de 2025.
El dato refleja que la mejora de la demanda todavía no alcanza de la misma manera a los bienes y servicios que requieren un mayor nivel de desembolso o financiamiento.
El resto de los rubros relevados mostró en conjunto una expansión interanual del 3,1%. La fotografía general es, por lo tanto, la de un consumo que vuelve a crecer, pero todavía sin una dinámica homogénea capaz de trasladarse con la misma intensidad a todos los sectores.
El crédito constituye una de las variables centrales para explicar esa diferencia.
Entre 2024 y 2025 se produjo una expansión significativa del financiamiento en términos reales, con un crecimiento marcado de las tarjetas de crédito, los préstamos personales, los prendarios y los hipotecarios.
Esa mayor disponibilidad de financiamiento contribuyó a sostener decisiones de consumo e inversión de los hogares.
Por otro lado, el capítulo de transporte y vehículos mostró un crecimiento estimado del 7% i.a. en julio, contribuyendo positivamente en 0,8 p.p a la variación interanual del IC.
El patentamiento de automóviles creció 57% interanual y traccionó el índice al alza, arrojando el máximo valor en julio desde 2018.
Recreación y cultura experimentó en julio un crecimiento de 8% i.a. (con una contribución positiva de 0,8 p.p. al IC). El avance se debió a una base de comparación baja.
Sin embargo, el consumo en recreación y cultura continúa en niveles bajos debido a que perdió terreno respecto a otros consumos esenciales.
En cuanto al apartado de vivienda, alquileres y servicios públicos, este mostró un crecimiento estimado de 0,2% i.a. en julio del presente año.
La relativa estabilidad del rubro se debe a una demanda eléctrica que no varió en demasía respecto al mismo mes del año pasado.
La conducta de los consumidores
Durante 2026, en cambio, el comportamiento comenzó a diferenciarse. Las tarjetas de crédito y los préstamos personales y prendarios ingresaron en una etapa de retroceso leve, aunque persistente.
El crédito hipotecario mantiene una trayectoria ascendente, pero con una velocidad de crecimiento más moderada.
Esta dinámica introduce una señal relevante para la evolución de la demanda interna.
Si el consumo puede sostenerse con una inflación interanual todavía elevada y un crédito que comienza a perder impulso en algunos segmentos, la recuperación dependerá cada vez más de la evolución de los ingresos reales y de la capacidad de las familias para mantener su nivel de gasto sin ampliar su endeudamiento.
El dato de julio, en ese sentido, muestra una economía doméstica que recupera actividad, pero todavía selecciona dónde gastar.
La mayor expansión en indumentaria y recreación convive con la contracción en vehículos y transporte, mientras el financiamiento pierde dinamismo en varios de los canales que habían acompañado la recuperación previa.
Para el comercio y los servicios, el desafío pasa por transformar ese crecimiento puntual en una tendencia más sostenida. La desaceleración de la inflación puede mejorar la previsibilidad, pero la consolidación del consumo dependerá de que esa estabilidad se traduzca en mayor poder adquisitivo y de que el crédito vuelva a funcionar como una herramienta accesible para las familias.
La señal de julio es, entonces, positiva pero todavía condicionada: el consumo crece, aunque lo hace sobre una base marcada por efectos extraordinarios y con una demanda que continúa segmentada.
El próximo desafío será determinar si la mejora puede sostenerse cuando desaparezca el efecto estadístico del Mundial y en un escenario donde el crédito ya no crece al ritmo observado durante 2024 y 2025.