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Contexto internacional

Por qué la siembra de maíz es cada vez más importante para el negocio de la carne

Cuando mejora el negocio ganadero, también cambia el valor de cada hectárea del cultivo.

Por Redacción Somos Pymes 6 de julio de 2026 - 12:56

La ganadería argentina atraviesa un escenario que no pasa desapercibido para quienes toman decisiones de inversión dentro del establecimiento.

La recuperación del valor de la hacienda, la firmeza del precio del novillo y márgenes más atractivos para los sistemas intensivos vuelven a poner el foco sobre una pregunta clave: cómo producir más kilos de carne por hectárea.

En ese contexto, el maíz deja de ser únicamente un cultivo y vuelve a convertirse en una de las principales herramientas para capturar valor dentro del negocio ganadero.

"Muchas veces analizamos el mercado de maíz mirando exportaciones, precios internacionales o superficie sembrada. Pero una parte muy importante de su demanda se genera puertas adentro de los propios sistemas productivos", explicó Justo MacLoughlin, responsable del negocio de SUPRA para Argentina y Uruguay.

Y aclaró: "Cuando la ganadería mejora, crece la necesidad de transformar más energía en kilos de carne, y ahí el maíz recupera un rol protagónico".

La tendencia de fondo es clara. Con una superficie ganadera relativamente estable, los productores buscan incrementar productividad a través de mejores índices de conversión, mayores ganancias de peso y una utilización más eficiente de los recursos disponibles.

En ese proceso, el silaje de maíz se consolida como una de las herramientas más relevantes para aumentar la producción de carne por hectárea.

Cuando el negocio mejora, cada punto de eficiencia vale más

Existe una lógica económica simple que muchas veces pasa inadvertida. Cuando aumenta el valor del kilo de carne producido, también aumenta el retorno de cualquier mejora en eficiencia que ocurra dentro del sistema.

En otras palabras, una mejora en conversión alimenticia, algunos gramos adicionales de ganancia diaria de peso o unos kilos más de carne por hectárea generan hoy un impacto económico significativamente mayor que en escenarios de precios deprimidos.

Por eso, los ciclos favorables para la ganadería suelen venir acompañados por una mayor profesionalización de la alimentación.

"Cuando los márgenes son ajustados, gran parte de las decisiones están orientadas a reducir costos. Pero cuando mejora el valor de la producción, la discusión cambia. El foco pasa a estar en cómo producir más kilos de carne por hectárea. En ese escenario, la calidad del silaje deja de ser un costo y se transforma en una inversión", esgrimió MacLoughlin.

La diferencia es especialmente relevante porque el costo de implantación entre un híbrido promedio y uno desarrollado específicamente para silo representa una fracción relativamente pequeña del resultado final del sistema.

Sin embargo, diferencias en digestibilidad de fibra, contenido de almidón, sanidad o estabilidad agronómica pueden impactar durante todo el ciclo productivo, potenciando la eficiencia de cada animal que pasa por el comedero.

Dicho de otra forma: el productor no recupera la inversión adicional en el momento de sembrar. La recupera todos los días, animal por animal, mientras transforma alimento en carne.

El dato que realmente define el resultado

Durante muchos años la discusión estuvo centrada en toneladas de materia verde o rendimiento por hectárea. Hoy la conversación es otra.

El indicador que realmente importa es cuántos kilos de carne puede producir cada hectárea sembrada. Y allí la calidad del silaje juega un papel central.

El contenido de almidón, la digestibilidad de la fibra, la estabilidad de la planta y la correcta ventana de picado terminan determinando cuánto de la energía producida en el lote llega efectivamente al animal.

La diferencia puede parecer pequeña sobre el papel, pero multiplicada por cientos o miles de cabezas y a lo largo de todo un ciclo productivo termina teniendo un impacto directo sobre la rentabilidad.

"Antes evaluábamos un híbrido solamente por su comportamiento agronómico. Hoy el productor ganadero necesita entender cómo ese híbrido se traduce en kilos de carne o litros de leche. Esa es la verdadera unidad de medida del negocio", especificó MacLoughlin.

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Pensar el híbrido desde el animal

La creciente importancia de los sistemas ganaderos intensivos impulsó una mirada diferente sobre el mejoramiento genético.

SUPRA, la marca de maíz de GDM, desarrolla y evalúa sus materiales considerando tanto el potencial agronómico como los atributos asociados a la calidad nutricional del silaje.

"Hace más de veinte años que generamos información en las principales regiones productivas del país. Esa experiencia nos permite entender cómo responde cada híbrido en distintos ambientes y acompañar al productor para maximizar el potencial de cada planteo", destacó MacLoughlin.

En esa línea, el portafolio incorpora este año S 4450 VIP3, un híbrido desarrollado específicamente para silo y protegido con tecnología VIP3 frente al complejo de lepidópteros.

"Cada vez más productores miden sus resultados en kilos de carne o litros de leche producidos por hectárea. Para ellos, la estabilidad, la calidad del forraje y la eficiencia de utilización son tan importantes como el rendimiento. Por eso trabajamos para desarrollar materiales pensados desde el inicio para ese objetivo", indicó Fernando Giachetti, gerente de Desarrollo de SUPRA para Argentina y Uruguay.

Una oportunidad que va más allá del precio del maíz

En los períodos de recuperación ganadera, las ventajas competitivas rara vez provienen de las grandes decisiones estratégicas. Con frecuencia surgen de decenas de pequeñas mejoras acumuladas que permiten producir más con los mismos recursos.

La calidad del silaje es una de ellas.

Porque cuando el negocio ganadero mejora, cada kilo adicional producido vale más. Y cuando cada kilo vale más, invertir en genética, planificación y calidad forrajera deja de ser una cuestión técnica para convertirse en una decisión económica.

La oportunidad no pasa necesariamente por sembrar más maíz.

Pasa por lograr que cada hectárea sembrada produzca más valor.

En ese desafío, el silo de calidad tiene cada vez más protagonismo.

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