20 de Agosto de 2017

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Argentina consolida el modelo de precariedad y flexibilidad laboral

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El Jefe de Gabinete de la Nación, Marcos Peña, afirmó durante la presentación del último informe de gestión en la Cámara de Diputados el 31 de mayo de 2017, que “van nueve meses de crecimiento formal del empleo en la Argentina”, agregando que el sector privado ya acumula más de 107.000 nuevos trabajos.

Como economista -nobleza obliga- y ciudadano preocupado por la situación socio laboral que vivimos en el país, me vi tentado a ir un poco más allá, e investigar las estadísticas de las instituciones gubernamentales para corroborarlo.

Las últimas estadísticas oficiales publicadas por el Ministerio de Trabajo, indican que, entre diciembre de 2015 y abril de 2017, se generaron 133,4 mil puestos de trabajo registrados. Para el mismo período anterior (entre diciembre de 2013 y abril de 2015), la creación de puestos de trabajo fue el doble: 230,8. Estos datos surgen de la serie desestacionalizada, es decir, la corregida por efecto de fluctuaciones periódicas.

Acotándonos al periodo de tiempo analizado por el Jefe de Gabinete, se puede observar en el gráfico que, efectivamente, hubo un crecimiento sostenido del empleo formal durante los últimos nueve meses.

Más allá de estos resultados, es interesante analizar la composición del aumento de empleo desde la asunción del Presidente a la fecha: el aumento de empleo fue traccionado principalmente por empleados registrados en el monotributo social. Es decir, los trabajadores más vulnerables, que crecieron 10,4% en el período analizado.

Seguido por los monotributistas, cuyo aumento significó 4,8% en el período, asalariados de casas particulares (trabajadoras domésticas) y, en menor medida, por asalariados públicos. Las categorías de independientes autónomos en primer lugar, y asalariados privados en segundo lugar, se vieron afectadas a la baja con pérdidas de 68,8 mil y 23,5 mil puestos respectivamente.

En un contexto donde se escuchan cada vez más frecuentemente noticias de despidos en el sector industrial y cierre de fábricas, el mercado laboral está avanzando hacia la consolidación de la precariedad y flexibilidad laboral. La generación de empleo por el monotributo exime a las empresas de costos laborales, que recaen en los trabajadores, paralelamente con la quita de los derechos laborales incluidos en los convenios colectivos de trabajo.

En el informe sobre la evolución de trabajadores registrados en el sector privado, publicado por el mismo organismo, la desagregación se puede ver por rama de actividad, lo que abre la puerta a un nuevo nivel de análisis.

Respetando el espacio temporal diciembre 2015-abril de 2017, la caída del 0,4% de los asalariados en el sector privado se ve específicamente afectado por la merma en el ramo de “Explotación de minas y Canteras”, seguido por el de “Industrias Manufactureras”.

Los datos resultan alarmantes, y se ven agravados si sumamos al análisis el último informe publicado por el INDEC en materia de desocupación, que arrojó un 9,2% en el primer trimestre del año, 1,6 puntos por encima del registrado en el último trimestre de 2016 (los números no pueden ser comparados con los del primer trimestre de 2016, ya que el organismo dedicó ese período a normalizar las estadísticas tras la intervención sufrida durante el kirchnerismo), acercándonos cada vez más a la tan temida cifra de dos dígitos.

De hecho, existen algunos distritos que lo alcanzaron: los indicadores de desocupación más altos fueron en Partidos del Gran Buenos Aires, 11,8%, el Gran Catamarca, 10,8%, Mar del Plata, 10,4%; y Gran Rosario, 10,3%.

Si bien el gobierno se jacta de generar políticas para combatir el desempleo, traducidas en medidas específicas tales como el Plan Empleo Joven, la Ley de Empalme, el programa de Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, Construir Empleo, Trabajo Autogestionado, programa de Formación Continua, entre otros; en vista de los resultados, los mismos se acercan más a medidas específicas para apalear la crisis, que a una resolución estructural.

En este sentido, los datos de actividad económica que arrojan un aumento del 1,1% del PBI para el primer trimestre del año, abren la puerta a una hipótesis sobre esta situación: si se lo desagrega por sectores productivos, dos áreas de alta generación de empleo como la manufacturera y el comercio, mermaron 2,2% y 0,9% respectivamente.

Por su parte, el último informe fiscal del FMI estimó que el déficit total de este año en el país será del 6,1% del PBI, por lo que recomienda a la Argentina realizar una reducción del empleo público.

El estudio de estos números deja la puerta abierta para empezar a debatir los temas en forma compleja y responsable. Es necesario acompañar las políticas específicas con un análisis profundo que nos permita realizar la autocrítica necesaria para comenzar a ocuparnos de recuperar aquellas actividades que más trabajo generales; que el cambio sea estructural y definitivo para avanzar hacia un país con no solamente más cantidad de empleo, sino que sobre todo de mejor calidad.

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